Profesionales de la violencia y olé.

 

Tengo una especial carencia, incluso si me apuran un cierto cariño por el conseller Felip Puig . La primera constatación es que todos los responsables de ese ramo de la porra en cuanto ostentan el cargo, se parecen los unos a las otros como dos gotas de agua. Tan solo he conocido una excepción, el señor Pomés, el resto de consellers, ministros, delegados del gobierno y “tutti quanti” suelen estar cortados por el mismo patrón y por ende dicen las mismas cosas, sean del partido político que sean.

A mí me gusta especialmente el señor Puig porque tiende a la literatura, va hacia el relato. Y así, al referirse a los graves incidentes acaecidos en Barcelona que condenó de forma inequívoca,  habla de “profesionales de la violencia”. La verdad es que me gustaría que el señor Puig se explayará un poco más sobre este particular. Porque a mí, en mi supina ignorancia, me cuesta imaginarme cómo demonios se vive de romper lunas de bancos,  de hacer añicos cajeros automáticos o de quemarle el coche a una pobre señora que acababa de pagar el último plazo.

Hace años hubo unos manifestantes que se llevaron un jamón de El Corte Inglés. Vale. Eso da para una merendola y una cuchipanda pero no te arregla el sustento. No quiero creer que el señor Puig se esté refiriendo a unos “agentes” a sueldo de alguna potencia extranjera que quieren el mal de Catalunya.  Estaría bien que a estas alturas hubiera descubierto en el baúl de los recuerdos el “contubernio de Munich”, el “oro de Moscú” o la “conspiración judeo-masónica-separatista” o aquello de “Si ellos tienen UNO [refiriéndose a la ONU en inglés] nosotros tenemos DOS” tras el bloqueo internacional al régimen franquista

¿No serán los encapuchados del Paseo de Gracia agentes infiltrados de la señora Esperanza Aguirre, sufragados por el erario del  oso y el madroño y teledirigidos por Albert Boadella?

Cuando esos lamentables incidentes se han cobrado víctimas mortales en lugares tan civilizados como la Gran Bretaña o Francia, hablar de “profesionales de la violencia” me parece agitar la fantasmagoría como suspender un acto de presentación de las memorias  del señor Pujol porque delante del lugar  estaba, nada más y nada menos que la facultad de Geografía e Historia.  Está bien eso de ponerse la venda antes de la herida pero todavía no tenemos delante al  Vietcong. Diría yo.

Recuerdo haber leído que a la muerte de Julita Valdecasas –la que fuera Delegada del Gobierno con el PP y con quien me las tuve pero a pesar de ello fuimos amigos- el ex Capitán General de Cataluña escribió que en cierta ocasión unos manifestantes no dejaron sano un solo vidrio de Capitanía y el militar llamaba para hacer patente su indignación. A lo que doña Julia le respondió:

-Mi general los cristales se cambian. Otras cosas no.

Pero sobre todo me conmueve la preocupación por la imagen de Barcelona. A los ciudadanos que nos zurfan un rato. Les sucede como a De Gaulle: quería mucho a Francia, pero muy poco a los franceses.